 |
RAÍCES
PROFUNDAS.
Puede que los olivares españoles alberguen árboles nacidos de antiguas
cepas importadas por los viajeros fenicios desde el levante mediterráneo.
Lo que sí sabemos con certeza es que los romanos impulsaron el avance
de la olivicultura y durante los siglos I y II d. C. el aceite de
oliva de Hispania fue exportado en ánforas de arcilla a todos los
rincones del Imperio.
Los árabes aplicaron sus vastos conocimientos a mejorar el rendimiento
de los olivares españoles y de su idioma nos legaron vocablos como
almazara, acebuche e incluso el mismo nombre de aceite,
en árabe az-zait. Fue en el siglo XIX cuando el número de
hectáreas dedicadas al cultivo del olivo aumentó de forma espectacular,
correspondiendo a Andalucía el 90% de la superficie olivarera. Entonces
se sentaron las bases que han hecho posible que nuestro país sea,
en la actualidad, el primer productor mundial de aceite de oliva
virgen extra.
ORIGEN HISTÓRICO.
El olivo, protagonista indiscutible de la agricultura mediterránea,
tiene una larga historia que va unida a la evolución de la especie
humana y de los cultivos -que como el trigo y la vid- han sido básicos
en la alimentación de los pueblos bañados por el Mare Nostrum
(Mar Mediterráneo).
La especie Olea europaea a la que pertenece el olivo, tiene un origen
híbrido. Posiblemente es el resultado del cruzamiento de especies
próximas a él como: el Olea africana, originario de Arabia
y Egipto, el Olea ferruginea, procedente del área asiática
y el Olea laperrini, procedente del sur de Marruecos.
Lo único que está claro es que en algún momento de la historia surgió
un milagro: del entrecruzar de especies nació un árbol, el olivo
y que con el transcurrir del tiempo llegaría a ser un árbol sagrado
y mitológico.
Los fósiles de hojas encontrados en el sur del archipiélago cicládico
son el testimonio de que el progenitor del olivo existía ya en el
Paleolítico, 35.000 a.C. Los restos más antiguos encontrados en
España son los de El Garcel (Almería), y datan del Neolítico (5.000
a.C.).
Aquel primer olivo, muy posiblemente, tuvo una forma parecida a
la salvaje o no domesticada, que hoy conocemos como acebuche y que
científicamente se corresponde con la especie Olea europaea
variedad oleaster.
Los análisis paleobotánicos más recientes afirman que el olivo estuvo
presente en su forma silvestre a todo lo ancho de la cuenca mediterránea;
desde El Garda, límite norte del cultivo donde se encontraron vestigios
de la Edad del Bronce, hasta Marruecos, extremo sur donde los yacimientos
de Grotte Rassel atestiguan que el acebuche existió en el norte
de África desde el XII milenio a.C.
Otras teorías afirman que el progenitor del olivo apareció mucho
antes. En el Villafranquiense según unos y en la Edad Terciaria
según otros, llegó al Mediterráneo, se expandió y creció de manera
espontánea por las orillas de nuestro preciado Mar.
ORIGEN DEL CULTIVO
Aproximadamente la domesticación del olivo silvestre, y su consiguiente
explotación por el hombre, se produjo a principios del Neolítico,
hacia el 6.000-5.000 a.C., y, posiblemente, en la zona del origen
de la especie, el área sirio-iraní del Asia Menor.
Otra teoría habla de que el inicio del cultivo del olivo se produjo
en la misma zona pero más al borde del Mediterráneo, en las costas
del Líbano y Palestina. Las colonias fenicias allí instaladas debieron
ser las que por primera vez en la historia domesticaron y adaptaron
al cultivo el olivo silvestre.
Todas las teorías coinciden en aceptar que la expansión del cultivo
en el Mediterráneo fue consecuencia de la extensión de la cultura
de oriente hacia occidente.
Primeramente serían las costas de Egipto, la isla de Creta o alguna
isla del archipiélago helénico.
Posteriormente, Grecia continental y Sicilia, desde donde se propagó
el cultivo por toda la Península Itálica. Los fenicios, desde sus
colonias más occidentales instaladas en el norte de Túnez, se encargaron
de difundir el cultivo del olivo a través del occidente mediterráneo.
A finales del segundo milenio el cultivo del olivo se había extendido
ampliamente por Asia Menor, Siria, Líbano, Palestina, Egipto y el
Archipiélago Helénico.
Restos arqueológicos de antiguos molinos encontrados en Egipto,
Creta y Palestina revelan que las técnicas de extracción eran ya
bien conocidas y empleadas a finales del II milenio.
info@cordoliva.com |