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Desde noviembre de 2003, la Unión Europea ha establecido un nuevo reglamento comunitario para el etiquetado de los aceites de aceituna, pudiéndonos encontrar el mercado los siguientes tipos. La categoría se determina mediante un análisis químico (entre los que se analiza la acidez, a pesar de que ésta ya no puede figurar en el etiquetado) y una análisis organoléptico (sabor y aroma) realizado a través de la cata:
    > Aceite de oliva virgen extra: es el zumo natural de la aceituna, de un aroma, gusto y color absolutamente irreprochables cuya acidez máxima no puede superar los 0,8º.

    > Aceite de oliva: los aceites procedentes de aceitunas en mal estado (llamados lampantes) no se pueden consumir directamente porque huelen y saben mal, por eso mediante un proceso industrial físico-químico se refinan dando lugar al aceite de oliva refinado que es insípido, incoloro e inodoro. Por ello, se le añade algo de aceite natural, el virgen. Esa mezcla de una gran mayoría de aceite refinado y una pequeña minoría de aceite virgen es a lo que se etiqueta bajo “aceite de oliva”, que no tiene todas las propiedades del aceite de oliva virgen extra.

    >Aceite de orujo de oliva: aceite formado por aceite refinado extraído del orujo de    oliva que queda en la prensa hidráulica o en la centrifugadora tras haberse exprimido    la mayor parte del aceite, cuya acidez expresada en ácido oleico no podrá ser    superior a 1,5 gr. por cada 100 gr. (0 a 1'5º). Posteriormente este aceite refinado de    orujo es mezclado con aceites de oliva vírgenes, distintos al lampante, con el fin de    enriquecer su sabor. No puede ser etiquetado nunca como "aceite de oliva".